Soy celíaca. Y viajo

Lago Atitlán. Guatemala. 2015/ Foto: MP

Soy celíaca diagnosticada desde el año 2004. Vivo en Uruguay y en ese entonces la Celiaquía no era muy conocida. Existían muy pocos productos libres de gluten y muy poca información.

A esa altura no había viajado mucho aún, pero jamás pensé no iba a poder hacerlo por esta nueva condición alimenticia.

Luego del impacto inicial, en determinado momento me di cuenta que la comida dejaba de ser el centro de las reuniones y de las salidas fuera de casa -el centro pasó a ser el reunirme o el salir con amigos o familia-. Me frustré muchas veces. Sí. Cuando no me tenían en cuenta a la hora de organizar una reunión o al no encontrar absolutamente nada para ingerir en algún determinado lugar. Pero fueron las menos. La mayoría de las veces mis amigos se esfuerzan por preparar comida para mí, probando nuevas recetas, y en todos los lugares del mundo donde he estado he encontrado algo -aunque mínimo- para calmar el hambre.

Y luego tuve la oportunidad de viajar. Primero por estudios, después porque uno le agarra el gustito. El viajar abre los ojos a nuevos estímulos de todo tipo, y depende de que cada uno esté dispuesto a -o se permita- encontrar. Y además, el mundo está a la mano.

  Ramen gluten free. Tokyo. Japón. 2017/

Como celíaca, una de aquellas cosas a buscar por el mundo, son los alimentos sin gluten. Y estar dispuesto a investigar, probar y aprender a no tentarse con alguna delicia no apta. Soy de la idea de que hay que intentar comer platos e ingredientes locales. Me resulta muy extraño las personas que independientemente del país en que se encuentren, buscan comer lo conocido -misma hamburguesa, misma pizza, mismo sabor universal- porque creen a priori que no va a gustarles la comida del lugar -o peor aún, estar convencidos de que “es rara”-. Conocer un país por la comida, es un manera muy interesante de acercarse a la cultura local. Los ingredientes, sabores y olores de las especies y condimentos tiene su impronta muy asociada a la historia del lugar. Muchas veces los celíacos nos tenemos que conformar sólo con los olores. No podemos probar todo, pero sí buscarle la vuelta. Para esto, la preparación previa es una parte importante del viaje. Investigar sobre cuales son los ingredientes básicos del país, los platos típicos y posibles lugares para comer seguros, es clave para tener un panorama acerca de lo que nos vamos a encontrar.

Y dejarse llevar. Quitar a la comida como el centro del viaje y fascinarse con los paisajes urbanos y naturales que tiene este planeta.

 

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